lunes, 3 de diciembre de 2012

El proyecto "perfecto"


Como ya he reconocido en lugares comunes (mi perfil de Twitter), soy un tipo con suerte, así que este proyecto fue una especie de regalo. Y no, no penséis que lo fue por ser un proyecto retador, de gran calado estratégico o de relevancia para el futuro de los RRHH. Fue un regalo de proyecto por lo siguiente...

Contextualizo: Sevilla 30 de agosto de 1992. Me llama mi gerente durante mi penúltimo día de vacaciones para decirme que el 1 de septiembre comienza un proyecto en Santiago de Compostela al que estoy asignado. Tengo que estar allí al día siguiente, el 31 de agosto para que la Senior a cargo del proyecto haga la reunión de lanzamiento con el equipo y que el día 1 estemos preparados para empezar.

Y así se hizo. Aterrizo en Santiago el 31 por la mañana, me voy al hotel que estaba reservado (era el Hotel Araguaney!! un 5* magnífico), me dan mi habitación y me encuentro con la cama más grande que había visto en mi vida. Quedamos a comer los compañeros de proyecto. Son 4 chicas y yo los que llegamos de fuera de Santiago; personas excepcionales que a lo largo de todos estos años han tenido una magnífica carrera profesional y a las que quiero dar las gracias por haberme enseñado tanto en aquel momento y haber demostrado tanto aprecio hasta hoy, Eva Torreño, Alicia Martín, Blanca Huarte-Mendicoa y la persona que se encargó de la jefatura del proyecto que fue Cristina Diago.

Esa tarde comentamos los pormenores del proyecto asignado (Desarrollo de la RPT de la Xunta de Galicia tras la macro oposición llevada a cabo el verano del 92), a esta reunión se incorporan los 2 compañeros de la oficina de Santiago, se reparten las responsabilidades y a descansar. Bueno, a descansar no del todo, hay cena y copa entre la reunión y el descanso.

Amanece en Santiago el 1 de Septiembre del 92 y allá que vamos, todos juntos a la Consellería de Presidencia. Somos recibidos como corresponde, nos atiende el propio Conselleiro, nos pide que hagamos un buen proyecto, nos explica el reto que supone, se despide y nos remite al Jefe de Servicio correspondiente para los detalles técnicos.

Llegados a presencia de dicho Jefe de Servicio, nos comunica que debido a imponderables de penúltima hora, es imposible que tengamos acceso ese día al resultado de la oposición que marca el inicio del trabajo, así que nos comenta el "vuelva usted mañana" tan clásico y oficial.

Y llega mañana, y volvemos a la Consellería, y vuelven a decirnos que no podemos empezar a trabajar, que los resultados de la oposición aún no son oficiales.

Por lo tanto, volvemos a irnos a la oficina de Santiago y seguimos preparando al equipo para el trabajo que se nos viene encima.

Así, una tras otra, las mañanas se sucedían, pero nada podíamos hacer, por lo que las noches se iban haciendo más largas y las sobremesas más reposadas. De hecho, finalmente dejamos de ir al lugar de trabajo cada mañana, dijimos al cliente que en cuanto estuviese publicado oficialmente el resultado de la oposición, llamase a la oficina de Andersen en Santiago para comunicarlo, y le dijimos a la secretaria de la oficina que nos llamase si nos reclamaba el cliente. Este movimiento nos liberó las mañanas, las tardes y, por supuesto, las noches.

Y así, empezamos a conocer Santiago de Compostela con la profundidad a la que solo tiene acceso alguien de fuera, con toda la curiosidad de unos ojos limpios y con todo el cariño de alguien que sabe que se irá de allí antes o después, pero siempre demasiado pronto. Seguro que la mayoría de los que leerán este post ya han estado allí, pero no me resisto a comentar. La Catedral de Santiago es maravillosa, el ambiente, la humedad, el olor, las sensaciones son diferentes a cualquier otra catedral, pero además disfrutada con tiempo, con horas dedicadas, unas veces en la mañana, otras en la tarde y otras en la noche lo que permite captar las diferencias de luz, de paisanos, de colores, de olor. Reconozco que me conquistó. Y no solo la catedral, las calles húmedas, la lluvia pequeña e incesante, los bares, el café, la leche, el ribeiro, el albariño, el marisco, la gente acogedora, el ambiente universitario, las copas nocturnas, la música espontanea en las plazas, el verdor, el saberte parte de algo mágico, antiguo, lleno de marcas de cantero y de referencias arcanas.



Pasó un mes y allí seguíamos, disfrutando de la gastronomía, de los días y sobre todo de las tardes y las noches de Santiago, pero sin tener ninguna noticia del resultado de la oposición y por lo tanto sin poder trabajar nada de nada. Probablemente fue el mes más improductivo de mi vida profesional y a la vez el mejor mes del mundo.

Ampliamos el radio de investigación gatronómica, cultural y arquitectónica a poblaciones cercanas, pude conocer, de la mano de los compañeros de la oficina de Santiago: Ribeira, Noia o Muros hacia la costa o Arzúa, Boimorto o Frades en el interior.

Pero como todo lo bueno dura poco, finalmente recibí la llamada que esperaba para decirme que me reasignaban a otro proyecto, del que hablaré también más adelante en este blog.

He de decir que el proyecto finalmente se llevó a cabo, pero donde debíamos haber sido 7 personas trabajando durante 4 meses, se "comieron el marrón" 2 personas en 2 meses y medio. Todo salió y salió bien, pero a costa de pocas horas de sueño y mucha presión.

Así que en este caso no puedo hablar de aprendizajes en lo que toca a un proyecto de Recursos Humanos interesante, para mi no lo hubo. Pero sí aprendí algo de gallego, mucho de Santiago de Compostela e hice amigas que todavía hoy están aquí, cerquita, con las que hablo de tanto en tanto y con las que sigo compartiendo.

Sí que puedo sacar conclusiones respecto a la falta de previsión, la alegría con la que se gastaba el dinero, el desajuste que provoca una mala planificación sobre un proyecto y sobre las vidas de las personas que tienen que sacarlo adelante, la indiferencia de los regidores políticos, el poco ajuste a la realidad profesional que proporciona seleccionar por méritos, etc. Seguro que podéis haceros una idea de todo ello sin que tenga mucho en lo que insistir.


En todo caso, finalmente, y para compensar la falta de contenidos relacionados con los RRHH en esta entrada, os dejo una lectura que desarrollamos en el proyecto de Cruzcampo, del que os hablé en mi post anterior.

Esta lectura pretende destacar el poder que tiene el silencio, la necesidad que tiene el ser humano de rellenar con palabras los momentos incómodos (que se lo digan a Jesús Quintero). El silencio no es importante solamente para entrenar la capacidad de escuchar, sino que lo es también para generar ansiedad en entrevistas difíciles y que el interlocutor se vea en la necesidad de seguir hablando, aportando datos.

Aquí la tenéis:

Cuando Chamberlain comprendió que no era el Primer Ministro capaz de ser jefe de una Gran Bretaña en guerra, eligió él mismo su sucesor (como era la tradición en el seno del partido conservador británico) y designó a Lord Halifax.

Para dar al gobierno la máxima eficacia, el quería que Winston Churchill formara parte del Gabinete. Le convocó y le dijo. “Halifax es el mejor; sin embargo también le necesitamos a Usted. ¿acepta a ser el número dos?”.

Churchill, por patriotismo, por deber, por abnegación ante un interés superior, le dijo que sí. Unas horas después, Lord Beaverbrook, el tycoon de la prensa inglesa, pidió a Churchill que le recibiera urgentemente y le dijo: “Parece que Ud. a aceptado que Halifax sea el Primer Ministro; “¡no es posible!”. Churchill respondió que se trataba de un asunto de Estado y que no discutiría con él. Beaverbrook insistió. Churchill le hizo ver que no podía actuar de otra manera.

Beaverbrook dijo: “Es un crimen contra la Nación. Sólo Usted puede movilizar Gran Bretaña“, e insistía y discutía. Churchill estaba convencido en el fondo de que Beaverbrook tenía razón; sin embargo respondió: “He dado mi palabra y la mantendré”.

Entonces Beaverbrook le dijo: “Sólo le pido una cosa. Cuando Chaberlain le convoque con Halifax y le pida que confirme su aceptación, quédese callado tres minutos. Tres verdaderos minutos. Ciento ochenta segundos antes de decir que sí. En nombre del Reino Unido se lo pido”.

A Churchill esto le pareció ridículo, y no veía cómo una cosa así podía cambiar la situación. Sin embargo, como amigo de Beaverbrook, se lo prometió.

Al día siguiente Churchill y Halifax estaban en el despacho de Chamberlain en Downing Street. Chamberlain dice: “Quiere Ud., por favor, confirmar a Lord Halifax que acepta formar parte de su gabinete”. Churchill se queda callado. Un minuto. Sigue callado. Un minuto y medio. Sigue callado. Antes de que hubieran pasado los tres minutos. Lord Halifax dice: “Yo creo que Winston Churchill es quien debe ser el Primer Ministro”.

Lo menos que puede decirse en que estos tres minutos jugaron un papel importante en la historia de la Segunda Guerra Mundial.






2 comentarios:

  1. Genial Pedro me encanta leer tus post están llenos de estupendas experiencias y de muchas cosas que aprender. Estoy contigo Santiago es preciosa y hay que conocerla, y en cuánto a los tres minutos de silencio me lo apunto!! ;) un beso.
    Nuria

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    1. Gracias Nuria,

      Es lo único que pretendo, transmitir experiencias y confesar que he vivido. Vivido junto a gente excepcional momentos extraordinarios.

      Muchas gracias por comentar y por leer.

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