lunes, 3 de diciembre de 2012

El proyecto "perfecto"


Como ya he reconocido en lugares comunes (mi perfil de Twitter), soy un tipo con suerte, así que este proyecto fue una especie de regalo. Y no, no penséis que lo fue por ser un proyecto retador, de gran calado estratégico o de relevancia para el futuro de los RRHH. Fue un regalo de proyecto por lo siguiente...

Contextualizo: Sevilla 30 de agosto de 1992. Me llama mi gerente durante mi penúltimo día de vacaciones para decirme que el 1 de septiembre comienza un proyecto en Santiago de Compostela al que estoy asignado. Tengo que estar allí al día siguiente, el 31 de agosto para que la Senior a cargo del proyecto haga la reunión de lanzamiento con el equipo y que el día 1 estemos preparados para empezar.

Y así se hizo. Aterrizo en Santiago el 31 por la mañana, me voy al hotel que estaba reservado (era el Hotel Araguaney!! un 5* magnífico), me dan mi habitación y me encuentro con la cama más grande que había visto en mi vida. Quedamos a comer los compañeros de proyecto. Son 4 chicas y yo los que llegamos de fuera de Santiago; personas excepcionales que a lo largo de todos estos años han tenido una magnífica carrera profesional y a las que quiero dar las gracias por haberme enseñado tanto en aquel momento y haber demostrado tanto aprecio hasta hoy, Eva Torreño, Alicia Martín, Blanca Huarte-Mendicoa y la persona que se encargó de la jefatura del proyecto que fue Cristina Diago.

Esa tarde comentamos los pormenores del proyecto asignado (Desarrollo de la RPT de la Xunta de Galicia tras la macro oposición llevada a cabo el verano del 92), a esta reunión se incorporan los 2 compañeros de la oficina de Santiago, se reparten las responsabilidades y a descansar. Bueno, a descansar no del todo, hay cena y copa entre la reunión y el descanso.

Amanece en Santiago el 1 de Septiembre del 92 y allá que vamos, todos juntos a la Consellería de Presidencia. Somos recibidos como corresponde, nos atiende el propio Conselleiro, nos pide que hagamos un buen proyecto, nos explica el reto que supone, se despide y nos remite al Jefe de Servicio correspondiente para los detalles técnicos.

Llegados a presencia de dicho Jefe de Servicio, nos comunica que debido a imponderables de penúltima hora, es imposible que tengamos acceso ese día al resultado de la oposición que marca el inicio del trabajo, así que nos comenta el "vuelva usted mañana" tan clásico y oficial.

Y llega mañana, y volvemos a la Consellería, y vuelven a decirnos que no podemos empezar a trabajar, que los resultados de la oposición aún no son oficiales.

Por lo tanto, volvemos a irnos a la oficina de Santiago y seguimos preparando al equipo para el trabajo que se nos viene encima.

Así, una tras otra, las mañanas se sucedían, pero nada podíamos hacer, por lo que las noches se iban haciendo más largas y las sobremesas más reposadas. De hecho, finalmente dejamos de ir al lugar de trabajo cada mañana, dijimos al cliente que en cuanto estuviese publicado oficialmente el resultado de la oposición, llamase a la oficina de Andersen en Santiago para comunicarlo, y le dijimos a la secretaria de la oficina que nos llamase si nos reclamaba el cliente. Este movimiento nos liberó las mañanas, las tardes y, por supuesto, las noches.

Y así, empezamos a conocer Santiago de Compostela con la profundidad a la que solo tiene acceso alguien de fuera, con toda la curiosidad de unos ojos limpios y con todo el cariño de alguien que sabe que se irá de allí antes o después, pero siempre demasiado pronto. Seguro que la mayoría de los que leerán este post ya han estado allí, pero no me resisto a comentar. La Catedral de Santiago es maravillosa, el ambiente, la humedad, el olor, las sensaciones son diferentes a cualquier otra catedral, pero además disfrutada con tiempo, con horas dedicadas, unas veces en la mañana, otras en la tarde y otras en la noche lo que permite captar las diferencias de luz, de paisanos, de colores, de olor. Reconozco que me conquistó. Y no solo la catedral, las calles húmedas, la lluvia pequeña e incesante, los bares, el café, la leche, el ribeiro, el albariño, el marisco, la gente acogedora, el ambiente universitario, las copas nocturnas, la música espontanea en las plazas, el verdor, el saberte parte de algo mágico, antiguo, lleno de marcas de cantero y de referencias arcanas.



Pasó un mes y allí seguíamos, disfrutando de la gastronomía, de los días y sobre todo de las tardes y las noches de Santiago, pero sin tener ninguna noticia del resultado de la oposición y por lo tanto sin poder trabajar nada de nada. Probablemente fue el mes más improductivo de mi vida profesional y a la vez el mejor mes del mundo.

Ampliamos el radio de investigación gatronómica, cultural y arquitectónica a poblaciones cercanas, pude conocer, de la mano de los compañeros de la oficina de Santiago: Ribeira, Noia o Muros hacia la costa o Arzúa, Boimorto o Frades en el interior.

Pero como todo lo bueno dura poco, finalmente recibí la llamada que esperaba para decirme que me reasignaban a otro proyecto, del que hablaré también más adelante en este blog.

He de decir que el proyecto finalmente se llevó a cabo, pero donde debíamos haber sido 7 personas trabajando durante 4 meses, se "comieron el marrón" 2 personas en 2 meses y medio. Todo salió y salió bien, pero a costa de pocas horas de sueño y mucha presión.

Así que en este caso no puedo hablar de aprendizajes en lo que toca a un proyecto de Recursos Humanos interesante, para mi no lo hubo. Pero sí aprendí algo de gallego, mucho de Santiago de Compostela e hice amigas que todavía hoy están aquí, cerquita, con las que hablo de tanto en tanto y con las que sigo compartiendo.

Sí que puedo sacar conclusiones respecto a la falta de previsión, la alegría con la que se gastaba el dinero, el desajuste que provoca una mala planificación sobre un proyecto y sobre las vidas de las personas que tienen que sacarlo adelante, la indiferencia de los regidores políticos, el poco ajuste a la realidad profesional que proporciona seleccionar por méritos, etc. Seguro que podéis haceros una idea de todo ello sin que tenga mucho en lo que insistir.


En todo caso, finalmente, y para compensar la falta de contenidos relacionados con los RRHH en esta entrada, os dejo una lectura que desarrollamos en el proyecto de Cruzcampo, del que os hablé en mi post anterior.

Esta lectura pretende destacar el poder que tiene el silencio, la necesidad que tiene el ser humano de rellenar con palabras los momentos incómodos (que se lo digan a Jesús Quintero). El silencio no es importante solamente para entrenar la capacidad de escuchar, sino que lo es también para generar ansiedad en entrevistas difíciles y que el interlocutor se vea en la necesidad de seguir hablando, aportando datos.

Aquí la tenéis:

Cuando Chamberlain comprendió que no era el Primer Ministro capaz de ser jefe de una Gran Bretaña en guerra, eligió él mismo su sucesor (como era la tradición en el seno del partido conservador británico) y designó a Lord Halifax.

Para dar al gobierno la máxima eficacia, el quería que Winston Churchill formara parte del Gabinete. Le convocó y le dijo. “Halifax es el mejor; sin embargo también le necesitamos a Usted. ¿acepta a ser el número dos?”.

Churchill, por patriotismo, por deber, por abnegación ante un interés superior, le dijo que sí. Unas horas después, Lord Beaverbrook, el tycoon de la prensa inglesa, pidió a Churchill que le recibiera urgentemente y le dijo: “Parece que Ud. a aceptado que Halifax sea el Primer Ministro; “¡no es posible!”. Churchill respondió que se trataba de un asunto de Estado y que no discutiría con él. Beaverbrook insistió. Churchill le hizo ver que no podía actuar de otra manera.

Beaverbrook dijo: “Es un crimen contra la Nación. Sólo Usted puede movilizar Gran Bretaña“, e insistía y discutía. Churchill estaba convencido en el fondo de que Beaverbrook tenía razón; sin embargo respondió: “He dado mi palabra y la mantendré”.

Entonces Beaverbrook le dijo: “Sólo le pido una cosa. Cuando Chaberlain le convoque con Halifax y le pida que confirme su aceptación, quédese callado tres minutos. Tres verdaderos minutos. Ciento ochenta segundos antes de decir que sí. En nombre del Reino Unido se lo pido”.

A Churchill esto le pareció ridículo, y no veía cómo una cosa así podía cambiar la situación. Sin embargo, como amigo de Beaverbrook, se lo prometió.

Al día siguiente Churchill y Halifax estaban en el despacho de Chamberlain en Downing Street. Chamberlain dice: “Quiere Ud., por favor, confirmar a Lord Halifax que acepta formar parte de su gabinete”. Churchill se queda callado. Un minuto. Sigue callado. Un minuto y medio. Sigue callado. Antes de que hubieran pasado los tres minutos. Lord Halifax dice: “Yo creo que Winston Churchill es quien debe ser el Primer Ministro”.

Lo menos que puede decirse en que estos tres minutos jugaron un papel importante en la historia de la Segunda Guerra Mundial.






jueves, 15 de noviembre de 2012

Proyecto Cruzcampo. Mandos Intermedios de Fábrica

Para esta nueva entrada quiero irme al principio de mi experiencia profesional en Accenture, al primer semestre de 1992.
 
Me tocó en suerte un proyecto de formación para todos los mandos intermedios del Grupo Cruzcampo, en aquél momento dentro de Grupo Guinness. 

Era mi primera experiencia fuera de la oficina, ya no era becario, era Consultor. Todo el diseño y desarrollo de los materiales de formación se hizo en las instalaciones de la ya desaparecida fábrica de Estrella del Sur en Sevilla.
La experiencia fue impactante desde el principio por muchos motivos que trataré de ir desgranando en este post.

Lo primero que me resultó "diferente" es que para entrar en la dinámica de la casa, la mejor manera era visitar la cantina de la fábrica para desayunar, y ese desayuno había que hacerlo con una cerveza y lo que fuera, así que me acostumbré a desayunar un buen bocadillo con una cerveza y ya, después, un café.

Compartí mis horas de trabajo con una consultora y amiga desde entonces, Ana Aguaded, a la que sigo queriendo y respetando profesionalmente y de la que aprendí montones de cosas, entre ellas a sacar partido a las herramientas que teníamos disponibles en aquel momento para desarrollar los materiales de formación. Éstos eran Ventura Publisher para los textos y Gem Draw para la parte gráfica, y era más que complicado montar todo el material en base a ellos, teniendo además en cuenta que la única manera de compartirlos eran discos de 3 y medio, cuyo máximo de capacidad era de 720Kb.

A este respecto tengo una anécdota impagable. Un responsable de la empresa nos pidió ver lo que llevábamos desarrollado hasta ese momento para dar opinión e indicaciones. Se lo mandamos en un disquete por valija interna y cuando le llegó nos dijo que ahí no había nada, que lo había abierto y que sólo había un círculo marrón de plástico. El hombre esperaba papel, así que abrió el dispositivo esperando encontrar un folio... Los tiempos han cambiado, pero la destreza digital no ha mejorado mucho, no os creáis.

También me parecía algo impagable el ritual del descanso que se hacía a eso de la 1 de la tarde para compartir cómo iba la mañana alrededor de una cerveza, una Shandy o una Sin, cada uno a su gusto.

Pero lo mejor de todo vino después, en la fase de impartición. Este periodo lo compartí con Ana Aguaded, con Manolo Candela y con Santi García (@Santi_Garcia en Twitter). Tuve que hacer una turné completa por las fábricas que en aquel momento componían el Grupo Cruzcampo, lógicamente la de Sevilla, Málaga (Cerveza Victoria), Jaén (Alcázar), San Sebastián (Keler), Madrid (Henninger) y Valencia (Carlsberg).

Este fue mi bautismo de fuego en muchos sentidos: mi primera vez impartiendo formación a grupos de profesionales, algunos de ellos con muchas canas y muchos años de experiencia, siendo yo un "niño", por lo que tuve que echarle muchas horas de estudio, muchas lecturas y también mucha jeta. Mi primera vez viajando solo, con un maletón enorme donde guardaba el retroproyector de transparencias, las transparencias, los materiales entregables, etc. (aún conservo esa maleta Samsonite, dura como una roca). Mi primera vez alojándome en hoteles extraordinarios donde me trataban como un rey, sobre todo en San Sebastián (el Hotel de Londres y de Inglaterra) y en Jaén (Parador de Santa Catalina).

Pero lo realmente impagable del todo era la calidez con la que te acogían esos profesionales que llevaban 20, 30 o 40 años fabricando cerveza, la ilusión que les hacía que alguien viniera a contarles cosas diferentes, que la empresa se preocupara por ellos, por aportarles conocimiento y posibilidades de desarrollo. Gratitud que pagaban con participación, con esfuerzo, con dedicación y con conocimiento compartido.

Me encantaba cuando mis "alumnos" me llevaban por "su" fábrica, me enseñaban sus secretos de fabricación, me hablaban de cosas desconocidas para mi hasta ese momento, las cebadas, el malteado, las levaduras, el lúpulo, y me di cuenta del amor que muchos le ponen a eso de hacer cervezas, y nada mejor que probar una cerveza helada directamente del tanque de decantación de levadura.

Hasta aquí la historia. Para los más frikis de los RRHH y la formación os dejo a continuación una de las lecturas que elaboramos hace 20 años sobre "La profesión de Directivo", es decir, cómo te cambian la vida cuando te nombran jefe de algo, cuando ya eras un gran técnico de lo tuyo y cómo ayudar en esta transición estableciendo objetivos, dando pautas, ...


¿Cuáles son las funciones más importantes del directivo, aquellas que caracterizan su profesión?. Antes de responder a esta pregunta conviene hacer una observación esencial: las funciones de un directivo dependen de su estilo de gestión.

Así el directivo que dirige negándose a confiar a sus colaboradores las funciones que podrían desempeñar mejor que él, el directivo que les dicta punto por punto todo lo que deben hacer y que decide siempre en su lugar, se hundirá bajo el peso. Necesitará 25 horas al día, porque querrá hacerlo todo él, incluso tomar las decisiones de 10 euros. Este directivo correrá el riesgo de desatender las funciones esenciales que le incumben: la solución de los problemas que comprometen el futuro en la organización.

Al contrario, el dirigente que sabe confiar en sus colaboradores y que apuesta por su espíritu de iniciativa, les dejará la mayor autonomía posible en su trabajo. En vez de intervenir para decidir constantemente en su lugar, les dejará cumplir sus funciones habiendo tenido previamente el cuidado de determinar con ellos los objetivos y delegando en ellos la autoridad necesaria. Este estilo de dirección conducirá a una verdadera motivación de los colaboradores, tanto más cuando el directivo controle sus actividades en sentido constructivo, convirtiéndose el control en un instrumento de motivación por medio de la felicitación y la mejora de resultados. El directivo que aplique este estilo de dirección podrá consagrarse a las funciones que le conciernen sobre todas las demás.


II.     LA DIRECCIÓN POR MEDIO DE OBJETIVOS

El estilo de dirección que nos servirá de referencia es el designado por la expresión “Dirección Participativa por medio de Objetivos”.

Este estilo de dirección puede ser definido como:

Ø  Una elaboración muy precisa de objetivos concretos.

Ø  Un sistema de medida de las diferencias entre los resultados y los objetivos.

Ø  Una red de información bien definida y bien estructurada.

Ø  Una delegación de autoridad que apuesta sin restricciones por el hombre y su capacidad de iniciativa.

Ø  Un sistema de control que permita decidir, a tiempo, las acciones correctivas necesarias.

Este estilo de gestión determina todas las funciones del directivo. Así, el estilo al que nos estamos refiriendo se caracteriza por:

ü  La participación de los colaboradores en la determinación de sus propios objetivos.

ü  La presencia de motivación en primer lugar, porque los trabajadores conservan una gran iniciativa para la elección de los medios que utilizan para alcanzar sus objetivos y en segundo lugar, porque las relaciones de trabajo entre los superiores y los subordinados están más estrechamente ligadas por la cooperación en una obra común que por el autoritarismo.

ü  Permite trabajar eficazmente el directivo en la medida en la que puede confiar a sus colaboradores funciones o misiones que dependan de sus competencias.


III.   LAS FUNCIONES DEL DIRECTIVO

Estudiaremos a continuación las principales funciones de un directivo, poniendo especial énfasis en dos de ellas: la fijación de objetivos y la delegación. Existen otras funciones que cualquier directivo debe realizar como son la organización, la coordinación y el control.

1.    Determinar Los Objetivos

Esta función es una de las primeras que le incumben a un directivo, cualquiera que sea su posición jerárquica. De esta función van a depender todas las demás funciones, tanto las del directivo como las de sus colaboradores.

La secuencia política – objetivos – medios

Es evidente que los objetivos de los directivos se derivan directamente de los asignados a la empresa, dentro del marco de estrategias y políticas que han sido fijadas.

Los objetivos sólo puede ser definidos válidamente una vez conocidas las principales características del entorno presente y futuro de la organización. Por otra parte, una empresa que hace suya una política de cambio tiene que partir, en primer lugar, de los fines para pasar a continuación a los medios (concretados en programas y presupuestos) en vez de hacerlo a la inversa.

La fijación de objetivos por el directivo y sus colaboradores

El procedimiento de fijación de objetivos puede descomponerse como sigue:

ü  El jefe (nivel jerárquico N) indica a sus colaboradores (nivel N-1) los objetivos de nivel N, así como los de los niveles superiores (N + 1, N + 2, ...) y obtiene su adhesión. Se trata de obtener de los colaboradores el sí a la meta, antes incluso de abordar, para cada uno de ellos, la determinación de sus objetivos.

ü  Los colaboradores, por su parte, estudian y proponen los objetivos de su nivel N-1 más apropiados para alcanzar los objetivos de nivel N.

ü  Los objetivos del nivel N-1 son presentados al jefe que debe verificar siempre la compatibilidad de éstos con los objetivos de su nivel, aprobarlos y controlar su aplicación. Se trata entonces, de un procedimiento que hace participar a los colaboradores en la definición de sus objetivos, dejándoles cierta autonomía en su ejecución.

En este sentido, la manera más eficaz de poder ayudar a los colaboradores a determinar sus objetivos es preguntándoles ¿QUÉ PROPONE USTED?. Esta pregunta es la mejor incitación para:

ü  La toma de iniciativa, ya que el colaborador puede buscar por sí mismo nuevas ideas por que la pregunta que se les formula es una pregunta abierta.

ü  La reflexión, ya que el colaborador es inducido a evaluar él mismo sus puntos fuertes, en primer lugar, y la contribución que él espera aportar a la empresa.

ü  La creatividad, ya que el colaborador puede muchas veces encontrar ideas y soluciones que su jefe no pensaría jamás.

ü  La responsabilidad, ya que el colaborador se siente más obligado a cumplir sus objetivos porque ha sido él mismo quien los ha concebido y definido.

las condiciones que deben cumplir los objetivos

Los objetivos que el directivo se propone alcanzar él mismo de acuerdo con sus superiores, y los objetivos que sus colaboradores se fijan, deben cumplir un cierto número de condiciones:

Medibles: Los objetivos deben estar provistos de un dispositivo de medida de las realizaciones en evidencia de las diferencias de realización.

Alcanzables: Deben representar la solución óptima, deben ser difíciles pero no irrealizables, con el fin de estimular a los colaboradores sin desanimarles.

Relacionados: Los objetivos tienen que ser poco numerosos y de calidad y deben estar relacionados unos con otros.

Tiempo concreto: Deben tener un plazo de realización.

Específicos: Los objetivos deben ser muy específicos o concretos, huyendo de los objetivos generales que podrían significar cualquier cosa.

Por último, una vez fijados los objetivos de los colaboradores, el directivo tiene que observar las siguientes reglas:

Ø  Regla de delegación: No intervenir mientras la realización esté en la línea con los objetivos.

Ø  Regla de las acciones correctivas: Intervenir obligatoriamente y tomar las medidas necesarias si las realizaciones se apartan de los objetivos.


2.    Organizar

El directivo no debe únicamente determinar y hacer determinar los objetivos de los colaboradores. También tiene que asegurarse de que los medios necesarios para su realización sean puestos en práctica. La organización de los medios pasa necesariamente por la elaboración de programas y presupuestos. La programación consiste en disponer en el tiempo, con antelación, los medios necesarios.

Sólo a través de los programas que establece o hace establecer, el directivo puede coordinar y controlar las actividades que están bajo su responsabilidad.


3.    Delegar

Es una de las funciones más importantes del directivo. Pero ... ¿qué significa exactamente delegar y qué es lo que el directivo delega a un colaborador?.

Delegar es confiar una parte de autoridad

Delegar es encargar a alguien una misión, una función transmitiéndole su poder. Es, según Max Moreau, confiar un asunto con poder de actuar en su lugar.

Como vemos, la definición de delegación es inseparable de la noción de poder, y por lo tanto de autoridad, en la medida de que la autoridad es el poder legal o legítimo, el derecho a mandar o de actuar.

Ahora bien, la responsabilidad no puede delegarse nunca, el directivo que delega sigue siendo responsable del uso de autoridad que ha confiado a su subordinado.

La delegación de autoridad puede referirse a múltiples áreas, pero existen funciones que un buen directivo NO PUEDE DELEGAR NUNCA. Podemos decir que no son delegables:

ü  La fijación de las políticas y objetivos generales de la empresa.

ü  El control del conjunto de actividades de las que el jefe es responsable.

ü  Las decisiones importantes de coordinación a largo plazo.

ü  Las decisiones finales que competen a la responsabilidad del directivo, principalmente a la gestión de recursos humanos, evaluaciones, promociones, contratos, despidos, etc.

ü  La eficacia hacia arriba, es decir, la influencia sobre las instancias que ocupan una posición jerárquica superior a la del directivo.

ü  En general, el liderazgo del dirigente sobre sus subordinados directivos: la madera de dirigirle, de suscitar abnegación y su motivación son responsabilidad directa del directivo.

¿Por qué delegar?


Ø El tiempo del directivo es limitado.
El tiempo no es ilimitado y el dirigente tiene que aprender a utilizarlo eficazmente, renunciando a solucionar los problemas que sus colaboradores podrían solucionar en su lugar.

Ø La delegación es formadora y motivante.
Un colaborador sólo puede llegar a ser más competente en la medida que aumenta su experiencia profesional, aprende a decidir y a ejercer autoridad. Y así la delegación debe ser atendida como un instrumento de formación permanente.

Ø La delegación es beneficiosa para toda la empresa.
Toda la empresa se beneficia de las consecuencias de la delegación porque:

;        Los directivos pueden trabajar más eficazmente en las tareas más importantes.

;        Los colaboradores son más productivos cuanto más motivados están, gracias a la iniciativa que se les ofrece de actuar, de decidir y de ejercer autoridad.

;        La empresa ve aumentar su capital humano, pues los colaboradores que reciben una delegación se convierten en directivos en potencia, que saben decidir y asumir responsabilidades.

;        El poder de decisión es confiado a los niveles suficientes competentes y mejor informados de los hechos, a los más próximos de la acción que hay que emprender.


4.    Coordinar

Hemos visto que la coordinación es una de las funciones que el directivo no puede delegar. En efecto, a él le corresponde estar atento a que todos los hombres que trabajan bajo su autoridad lo hagan de manera armoniosa con vista a la realización de los objetivos de los que él es responsable.

De este modo, la coordinación debe incidir en:

ü  Las actividades principales y las operaciones importantes que hay que realizar durante un gran periodo; hay por lo tanto que empezar por definir los objetivos, establecer los programas para después “ajustar el tiro” en el transcurso de las sesiones de trabajo periódicas con las personas responsables de su realización.

ü  Las decisiones corrientes delegadas a los principales colaboradores directos.

ü  Las actividades a corto plazo de un equipo: una reunión (por ejemplo semanal) permite que el directivo y sus subordinados hagan un resumen y establezcan un nuevo programa de actividades.

Conviene subrayar un punto esencial. La coordinación debe ser selectiva: el tiempo del directivo es limitado. Además, intentar coordinar los detalles equivaldría a anular todas las ventajas que se esperan de la delegación de autoridad y de la descentralización de actividades.


5.    Controlar

Del mismo modo que la coordinación, el control no puede delegarse. La razón estriba en que el directivo es “el punto de convergencia de la asignación de funciones y de la delegación de los poderes”. ¿Cuál es el fin fundamental del control?. El control debe permitir que el directivo evalúe las diferencias entre los objetivos y su realización y que ponga en marcha, si llega el caso, las acciones correctivas destinadas a reducir estas diferencias. Se puede comparar el proceso de control en la empresa con el que se observa en los sistemas cibernéticos, en los que la detección de anomalías conduce, gracias a un “feedback”, a una acción de rectificación.

¿Cómo controlar?

No hablaremos aquí de los numerosísimos instrumentos de control que el directivo tiene a su disposición, sino de la manera de cómo debe tomar nota, con su colaborador, de los resultados que hacen aparecer estos instrumentos.

Ahora bien, desde este punto de vista, es evidente que el control se le presenta la mayor parte de las veces al colaborador como un mal momento que tiene que pasar con su superior. ¿Por qué ocurre esto así generalmente?. Porqué la palabra control ha adquirido, con el tiempo, una connotación negativa y continuará así mientras que el directivo no adopte una actitud positiva con respecto al control.

Si el control pretende rectificar el tiro, es, esencialmente, para enderezar el curso de las cosas. Y ¿cómo vamos a obtener de un colaborador mejores resultados, si se comienza por sermonearle, criticarle y amenazarle?. Es precisamente motivándole, y no desmotivándole, como se le incita para mejorar sus resultados, incluso si ha cometido un error (lo que en sí ya es desmotivante). Por esta razón, el control debería ser ante todo, en el espíritu del directivo, una operación que tiene como finalidad el encontrar, en la actividad del colaborador, no solo puntos positivos, sino también posibilidades de mejorar.

En otros términos, el directivo debería en una entrevista de control:

ü  Buscar en primer lugar aquello que, en los resultados del colaborador, es positivo, preguntando por ejemplo:

;        ¿Qué ha hecho usted especialmente bien?.

;        ¿Qué es lo que más le ha gustado hacer?.

;        ¿En qué sector ha aportado Ud. su mayor esfuerzo?.

Se trata de hacer de tal manera que el colaborador tenga confianza en sí mismo y en sus posibilidades: esta confianza es indispensable para las mejoras y los esfuerzos ulteriores. El directivo no debe por lo tanto tener miedo de felicitar y de estimular a su colaborador, aunque se tenga naturalmente más bien tendencia a sermonear y a criticar.

ü  Ayudar al colaborador a esbozar la imagen que él mismo tiene de sus posibilidades de mejorar, para permitirle acercarse a los objetivos que tiene que alcanzar. Tampoco falta aquí preguntas como por ejemplo:

;        ¿Qué podría hacer Ud. para mejorar sus resultados?.

;        ¿Qué propone Ud. para alcanzar su objetivo el año próximo?.

ü  Sobre todo, no hay que olvidar jamás que el colaborador no hará realmente mejor su trabajo más que si su jefe le muestra que está siempre dispuesto a ayudarle y que sabe apreciar sus esfuerzos y sus resultados. Por supuesto, estos resultados pueden ser decepcionantes de manera consecutiva. Sin embargo, a menos que el colaborador haya alcanzado el límite extremo de su incompetencia, siempre es posible reprenderle de manera positiva, conduciendo siempre la entrevista de manera que se termine con una incitación a la acción (en este caso una mejora).
 


lunes, 22 de octubre de 2012

Change Management

Para esta primera entrada “de verdad” en mi blog, y haciendo honor al nombre de “Proyectos Compartidos” quiero hablaros del proyecto que significó un antes y un después en mi vida profesional. La verdad es que la idea de este post ha venido este fin de semana pasado, hablando con mi amigo @PabloJGlez sobre su nuevo emprendimiento (www.thesalmonfactor.com) y la publicación en su nueva web de un artículo mío sobre Gestión del Cambio en las Organizaciones.

Os cuento.

Primeros de mayo de 1993, andaba yo esa tarde de desarrollo en backoffice de algunos documentos para clientes en la Oficina de Sevilla (la añorada Villa Lola en la Avenida de la Palmera) cuando me llama mi Gerente en Accenture (bueno, en aquel momento era Andersen Consulting). Me pregunta que si me interesaría ir a un proyecto en Estados Unidos a lo que le respondo que sí, que me interesaba. Y me informa, que en ese caso, tengo que salir al día siguiente por la mañana; que busque dólares por donde pueda y que tengo el billete de avión esperándome en el aeropuerto.

Así son las cosas, las oportunidades aparecen cuando menos te las esperas.

Por contextualizar, este fue un proyecto de colaboración entre ODR y Andersen Consulting que pretendía crear, diseñar, desarrollar e impartir un curso de Gestión del Cambio dirigido a Managers, Associate Partners y Partners de Andersen Consulting. El desarrollo lo llevamos desde Atlanta (GA) y la impartición de los cursos piloto se hizo en la Universidad Corporativa de Andersen, en St. Charles, cerca de Chicago (IL).

Después, al final del todo, os dejaré alguna pincelada de conocimiento “formal” sobre RRHH y más en concreto sobre “Change Management”, pero lo que quiero contar de este proyecto (como de muchos otros más adelante en este blog) son los aprendizajes informales y vitales que dejó.

Yo creía que sabía inglés, pero no. Desde que aterricé en Atlanta hasta que fui capaz de entender y expresarme de manera inteligente pasaron 3 o 4 días y pasaron 7 hasta que empecé a soñar en inglés. Ahora soy capaz de entender mucho mejor el inglés americano que ningún otro y me encanta ese deje cantarín sureño, a lo mejor porque yo también soy sureño.

Yo creía que los servicios en España estaban bien, pero tardé poco en darme cuenta de que no era así. Vuelvo a repetir: hablamos del año 1993. Cuando llegué al aeropuerto de Atlanta un empleado de Avis estaba esperándome con un cartelito con mi nombre y me acompañó a que ELIGIERA el coche que quería usar, pero diciéndome que podía cambiarlo cuando quisiera, ¡¡cosa que hice 5 veces!!, sin problemas y sin coste adicional.

Desde una cabina y a cobro revertido llamé a mi oficina de referencia en Atlanta y me indicaron la dirección de la que sería mi casa. Cuando llegué allí en mi flamante coche recién alquilado, vi que era una pequeña urbanización de casitas adosadas de dos plantas, me acerqué a la oficina de gerencia y me dieron la llave de la casita asignada (ya alquilada y pagada por la empresa...) y, ¡oh sorpresón!, estaba vacía. Vacía del todo, sólo había suelo, techo y paredes. No entendía nada. ¿Dónde iba a dormir esa noche?, rápidamente me acerqué de nuevo a la oficina de gerencia y les pregunté acongojado qué pasaba, que mi casa estaba vacía. Y con toda la tranquilidad del mundo me dijeron “Of course”; no sabemos lo que a usted le gusta. Aquí tiene el teléfono de la empresa habitual de alquiler de muebles para que elija lo que más le apetezca… pero tampoco tenía teléfono y por más raro que parezca en el año 93 no existían los móviles, así que me dejaron llamar desde allí y de paso me dieron el número al que debía llamar para contratar el teléfono.

Al cabo de un par de horas llegó el empleado de la empresa de alquiler de muebles (se llamaba Andy Schnaider, lo recuerdo porque me "salvó la vida" aquel día). Me presentó un catálogo de muebles que podía alquilar para que eligiera lo que más me apeteciese según el presupuesto habitual y así lo hice, desde los trapos de cocina hasta la cama, pasando por el sofá y la tele.

Esa misma tarde tenía mi casa perfecta y con la cama hecha. De verdad, me impactó, me pareció sublime, no daba crédito. Aún hoy creo que aquí sería imposible.

Lo del teléfono también. Llamé al teléfono que me indicaron en la gerencia de los apartamentos desde allí mismo y en media hora se presentó en mi apartamento (aún vacío) un señor de Southern Bell a instalarme un teléfono y a darme línea, me preguntó también por mis posibles necesidades de comunicación y le conté. Me dio los teléfonos de las compañías que podían darme servicio de llamadas fuera del estado de Georgia y llamadas internacionales, desde mi ya instalado y funcional teléfono (palabra de honor, fueron 30 minutos desde que llamé), me puse en contacto con esas compañías, que me contaron amable y pacientemente sus ofertas. Contraté el servicio nacional con una (AT&T) y el internacional con otra diferente (MCI) ya que me interesaban más sus ofertas en cada caso. ¡Y las empresas me hacían una factura mensual conjunta! Esa misma tarde, mientras traían mis muebles, pude llamar a mi casa en España. Aún hoy, 20 años después, esto es imposible del todo en España.
Y permitidme un apunte final sobre la cuestión del teléfono. Como muchos otros proyectos de consultoría, este también terminó casi tan abruptamente como empezó, y la oferta de llamadas internacionales era la devolución en cash de un porcentaje de la factura. Bien, yo cerré mi cuenta corriente americana antes de cerrar el contrato telefónico, así que no tenían donde ingresarme el dinero. ¿Cuál fue su solución?, me mandaron a mi casa en Sevilla un cheque por el importe total de la bonificación que había acumulado en esos meses. ¿Imposible? no, prometo que fue así.
Después vino todo lo demás, el trabajo cada día, el aprendizaje vital, los nuevos amigos, los compañeros de proyecto, el ocio de fin de semana, las comidas y los sabores diferentes, etc. pero finalmente terminas normalizando esas cosas que eran inicialmente exóticas. Destaco especialmente la capacidad de servicio al cliente, la disponibilidad, la inmediatez. Evidentemente que se cercioraban antes de que ibas a pagar ese servicio, bien con una tarjeta de crédito o con un aval de la empresa, pero aún hoy me sigue impactando.

Otra cosa que me encantaba era el “last minute ticket” en los aeropuertos, la posibilidad de acceder a un viaje de ida y vuelta por 18 o 20 dólares. Muchas veces me iba al aeropuerto sin saber dónde aterrizaría ese fin de semana, pero eso le daba mucho más interés a la cosa y me permitió conocer lugares a los que nunca hubiera ido queriendo, como Dakota del Norte u Ohio.
 
Y ahora, como había prometido, os dejo algunas cuestiones aprendidas sobre Change Management, pero aquí os dejo solo un aperitivo, si os apetece leer más en profundidad dejadme que os lleve al artículo completo que he escrito para mi amigo @pablojglez en su nueva, recién estrenada web para su proyecto “The Salmon Factor” a través de este LINK.

Los elementos que forman parte esencial de la estructura en cualquier proceso de cambio organizativo son:

  • La naturaleza del cambio
  • El proceso de cambio
  • Los roles involucrados
  • Los mecanismos de resistencia
  • La generación de compromiso
  • La aportación de la cultura
  • El proceso sinérgico

Cada uno de estos 7 elementos tiene entidad propia, pero hoy me gustaría centrar el foco en el último de ellos, qué significa la Sinergia y cómo alcanzarla en los complejos entornos laborales hoy.


La rapidez del proceso de cambio de una organización depende de la eficacia y efectividad del avance a través de los cuatro estados del proceso sinérgico:



interacción, entendimiento, integración e implementación ...

Ya sabéis, si ahora os apetece leer más sobre la consecución de sinergias en la Gestión del Cambio dad una vuelta por aquí