Os cuento.
Primeros de
mayo de 1993, andaba yo esa tarde de desarrollo en backoffice de algunos
documentos para clientes en la Oficina de Sevilla (la añorada Villa Lola en la
Avenida de la Palmera) cuando me llama mi Gerente en Accenture (bueno, en aquel
momento era Andersen Consulting). Me pregunta que si me interesaría ir a un
proyecto en Estados Unidos a lo que le respondo que sí, que me interesaba. Y me
informa, que en ese caso, tengo que salir al día siguiente por la mañana; que
busque dólares por donde pueda y que tengo el billete de avión esperándome en
el aeropuerto.
Así son las cosas, las oportunidades aparecen cuando menos te las esperas.
Por
contextualizar, este fue un proyecto de colaboración entre ODR y Andersen Consulting que
pretendía crear, diseñar, desarrollar e impartir un curso de Gestión del Cambio
dirigido a Managers, Associate Partners y Partners de Andersen Consulting. El
desarrollo lo llevamos desde Atlanta (GA) y la impartición de los cursos piloto
se hizo en la Universidad Corporativa de Andersen, en St. Charles, cerca de
Chicago (IL).
Después, al
final del todo, os dejaré alguna pincelada de conocimiento “formal” sobre RRHH
y más en concreto sobre “Change Management”, pero lo que quiero contar de este
proyecto (como de muchos otros más adelante en este blog) son los aprendizajes
informales y vitales que dejó.
Yo creía que
sabía inglés, pero no. Desde que aterricé en Atlanta hasta que fui capaz de
entender y expresarme de manera inteligente pasaron 3 o 4 días y pasaron 7 hasta que empecé a soñar en inglés. Ahora soy capaz
de entender mucho mejor el inglés americano que ningún otro y me encanta ese
deje cantarín sureño, a lo mejor porque yo también soy sureño.
Yo creía que
los servicios en España estaban bien, pero tardé poco en darme cuenta de que no era así. Vuelvo a repetir: hablamos del
año 1993. Cuando llegué al aeropuerto de Atlanta un empleado de Avis estaba esperándome con un
cartelito con mi nombre y me acompañó a que ELIGIERA el coche que quería
usar, pero diciéndome que podía cambiarlo cuando quisiera, ¡¡cosa que hice 5
veces!!, sin problemas y sin coste adicional.
Desde una
cabina y a cobro revertido llamé a mi oficina de referencia en Atlanta y me
indicaron la dirección de la que sería mi casa. Cuando llegué allí en mi flamante
coche recién alquilado, vi que era una pequeña urbanización de casitas adosadas
de dos plantas, me acerqué a la oficina de gerencia y me dieron la llave de la casita asignada (ya alquilada y pagada por la empresa...) y, ¡oh sorpresón!, estaba vacía. Vacía del todo, sólo había
suelo, techo y paredes. No entendía nada. ¿Dónde iba a dormir esa noche?, rápidamente
me acerqué de nuevo a la oficina de gerencia y les pregunté acongojado qué pasaba, que
mi casa estaba vacía. Y con toda la tranquilidad del mundo me dijeron “Of
course”; no sabemos lo que a usted le gusta. Aquí tiene el teléfono de la empresa habitual
de alquiler de muebles para que elija lo que más le apetezca… pero tampoco
tenía teléfono y por más raro que parezca en el año 93 no existían los móviles,
así que me dejaron llamar desde allí y de paso me dieron el número al que debía
llamar para contratar el teléfono.
Al cabo de
un par de horas llegó el empleado de la empresa de alquiler de muebles (se
llamaba Andy Schnaider, lo recuerdo porque me "salvó la vida" aquel día). Me presentó
un catálogo de muebles que podía alquilar para que eligiera lo que más me
apeteciese según el presupuesto habitual y así lo hice, desde los trapos de
cocina hasta la cama, pasando por el sofá y la tele.
Esa misma
tarde tenía mi casa perfecta y con la cama hecha. De verdad, me impactó, me pareció
sublime, no daba crédito. Aún hoy creo que aquí sería imposible.
Lo del
teléfono también. Llamé al teléfono que me indicaron en la gerencia de los apartamentos desde allí mismo y
en media hora se presentó en mi apartamento (aún vacío) un señor de Southern
Bell a instalarme un teléfono y a darme línea, me preguntó también por mis
posibles necesidades de comunicación y le conté. Me dio los teléfonos de las
compañías que podían darme servicio de llamadas fuera del estado de Georgia y llamadas internacionales, desde mi ya instalado y funcional teléfono (palabra de honor,
fueron 30 minutos desde que llamé), me puse en contacto con esas compañías, que
me contaron amable y pacientemente sus ofertas. Contraté el servicio nacional
con una (AT&T) y el internacional con otra diferente (MCI) ya que me
interesaban más sus ofertas en cada caso. ¡Y las empresas me hacían una factura
mensual conjunta! Esa misma tarde, mientras traían mis muebles, pude llamar a
mi casa en España. Aún hoy, 20 años después, esto es imposible del todo en España.
Y permitidme un apunte final sobre la cuestión del teléfono. Como muchos otros proyectos de consultoría, este también terminó casi tan abruptamente como empezó, y la oferta de llamadas internacionales era la devolución en cash de un porcentaje de la factura. Bien, yo cerré mi cuenta corriente americana antes de cerrar el contrato telefónico, así que no tenían donde ingresarme el dinero. ¿Cuál fue su solución?, me mandaron a mi casa en Sevilla un cheque por el importe total de la bonificación que había acumulado en esos meses. ¿Imposible? no, prometo que fue así.
Después vino
todo lo demás, el trabajo cada día, el aprendizaje vital, los nuevos amigos,
los compañeros de proyecto, el ocio de fin de semana, las comidas y los sabores
diferentes, etc. pero finalmente terminas normalizando esas cosas que eran
inicialmente exóticas. Destaco especialmente la capacidad de servicio al
cliente, la disponibilidad, la inmediatez. Evidentemente que se cercioraban
antes de que ibas a pagar ese servicio, bien con una tarjeta de crédito o con un
aval de la empresa, pero aún hoy me sigue impactando.
Otra cosa que
me encantaba era el “last minute ticket” en los aeropuertos, la posibilidad de
acceder a un viaje de ida y vuelta por 18 o 20 dólares. Muchas veces me iba al
aeropuerto sin saber dónde aterrizaría ese fin de semana, pero eso le daba
mucho más interés a la cosa y me permitió conocer lugares a los que nunca
hubiera ido queriendo, como Dakota del Norte u Ohio.
Y ahora,
como había prometido, os dejo algunas cuestiones aprendidas sobre Change
Management, pero aquí os dejo solo un aperitivo, si os apetece leer más en profundidad dejadme que os lleve al artículo completo que he escrito para mi amigo
@pablojglez en su nueva, recién estrenada web para su proyecto “The Salmon
Factor” a través de este LINK.
Los elementos que forman parte esencial de la estructura en cualquier proceso de cambio organizativo son:
- La naturaleza del cambio
- El proceso de cambio
- Los roles involucrados
- Los mecanismos de resistencia
- La generación de compromiso
- La aportación de la cultura
- El proceso sinérgico
Cada uno de estos 7 elementos tiene entidad propia, pero hoy me gustaría centrar el foco en el último de ellos, qué significa la Sinergia y cómo alcanzarla en los complejos entornos laborales hoy.
La rapidez del proceso de cambio de una organización depende de la eficacia y efectividad del avance a través de los cuatro estados del proceso sinérgico:
interacción, entendimiento, integración e implementación ...
Ya sabéis, si ahora os apetece leer más sobre la consecución de sinergias en la Gestión del Cambio dad una vuelta por aquí
Ya sabéis, si ahora os apetece leer más sobre la consecución de sinergias en la Gestión del Cambio dad una vuelta por aquí
Pero bueno, digo yo que esos puntos suspensivos será que continuará, ¿no?
ResponderEliminarHay un link ahí para seguir leyendo si te apetece, va dirigido a la web de un amigo en la que publico el artículo completo.
EliminarHe disfrutado mucho este articulo, porque encuentro muchas semejanzas con lo que esamos viviendo ahora en nuestro cambio a Londres.
ResponderEliminarDespués de haber vivido en Madrid y Paris, puedo decir que Londres me ha sorprendido gratamente. No voy a decir que està a 15 anyos de distancia, como lo estaba Chicago de cualquier ciudad espanyola en el 93. Pero si diré que Londres se encuentra en muchos aspectos a 5 anyos de Madrid o Paris.
Mis màs sincera enhorabuena, y espero poder leerte mucho màs.
Querido Carlos,
EliminarGracias por entrar, leer y compartir. La verdad es que sigo tu trayectoria con cierta envidia, me encantaría volver a la experiencia internacional, pero seguro que lo haré antes o después.
En lo que toca al post, me he dejado mucho en el tintero, pero he pretendido reflejar la realidad de aquel momento, que seguro que no se aleja de la de hoy si se repitiera el proceso. La mentalidad de servicio al cliente se mama, se vive y se fomenta. En España, no se mama, no se vive y se fomenta poco y desde hace poco.
Tenemos mucho que aprender.
Abrazos y mucha suerte y grandes proyectos en tu nueva aventura profesional.